ADRIAN
Llego a mi oficina más temprano de lo habitual, y no es casualidad. No quiero toparme con nadie durante el día. Anoche fue una noche tormentosa; una de esas en las que la mente no da tregua y cada pensamiento vuelve al mismo punto: ¿por qué tuve que abrir la boca y decirle aquello a Bianca?
No la vi despertar. Tampoco desayuné con ella. Por ahora, no tengo el valor —ni la cara— para mirarla a los ojos.
El beso todavía me quema en la memoria.
No fue planeado. No fue prudente. Fue un impul