BIANCA
La mesa directiva me acompaña, y estar sentada en la silla principal me pone los nervios de punta.
Pero me gusta.
Intento que no se note. Mantengo la espalda recta, las manos sobre la mesa y la expresión tranquila, aunque por dentro siento el corazón latiéndome demasiado rápido.
Porque este lugar… esta silla… todo esto, hace no mucho, parecía imposible. Tengo mi asistente personal, su nombre es Diana, es joven y muy profesional. Hasta ahora nos hemos afiatado bastante bien, es una mujer