ADRIAN
Ingreso al hotel. El hall está iluminado por enormes lámparas de cristal que cuelgan desde el techo, y el mármol brillante refleja el movimiento de las personas que van y vienen. Hombres de traje. Mujeres con tacones altos. Recepcionistas sonriendo como si nada malo pudiera ocurrir dentro de esas paredes.
Pero yo llevo una carpeta bajo el brazo capaz de destruirle la vida a más de una persona.
El conserje me reconoce apenas entro.
—Señor Adrián, el señor Bennet ya lo está esperando.
Asie