BIANCA
El policía nos observa en silencio desde unos metros más allá. No interviene ni parece tener intención de hacerlo, está más pendiente de su móvil que de nosotros. Se limita a esperar la confirmación por radio para abrir la celda y terminar con todo este asunto.
Margaret, por su parte, continúa concentrada en Christian como si yo ni siquiera estuviera presente.
—Iré a pagar tu fianza —dice con ese tono que utiliza cuando espera agradecimiento—. Imagino que ya aprendiste la lección.
—Ya la