BIANCA
—Hay que amarrarle la mandíbula a esa señora —dice Adrián apenas cruzamos la puerta—. Verte así la dejó en shock.
Lo miro y no puedo evitar reírme.
—Dale un par de horas… —respondo, negando suavemente—. Ya todo el pueblo sabrá que estoy aquí. Doña Gertrudis tiene la lengua bastante rápida.
Eso lo hace soltar una carcajada más abierta.
—Me gusta este lugar —murmura, observando a su alrededor con curiosidad—. Tranquilo… pero con potencial para el caos.
Sonrío, porque tiene razón.
Siempre h