– El nombre que no debía decirse
Elías.
Clara despertó empapada en sudor. Ese nombre... no le pertenecía, pero su eco seguía resonando como una campana olvidada dentro de su cabeza. Se levantó en la penumbra. Afuera, la lluvia no había cesado. Todo era gris, húmedo, contenido, como si el mundo contuviera el aliento esperando algo terrible.
Bajó en silencio por los pasillos, hasta la biblioteca.
El diario de Alma estaba sobre la mesa.
Lo abrió, pasando páginas con dedos temblorosos. Anotaciones