Las cicatrices del amanecer
El aire del amanecer estaba frío y húmedo. Los primeros rayos de luz no traían consuelo, sino un recordatorio del caos que habían dejado atrás. Cada columna derrumbada, cada escombro, parecía susurrar los horrores que habían vivido. Clara caminaba con Isla en brazos, apoyándose en Alexander y Brígida. Cada paso era un esfuerzo; cada respiración recordaba el polvo, el humo y las sombras que aún ardían en sus mentes.
Isla permanecía callada, los ojos grandes y vacíos,