Ella no sabía bien a qué se refería, pero era claro que se trataba de lo que ella estaba temiendo hacía un momento cuando despertó.
—Ssí… —dijo con algo de duda.
En la mente de Lina se decía que, en definitiva, este hombre sí que le costaba leer su mente, cosa que difícilmente le había ocurrido en el pasado.
—Adelina… —dijo acercándose a su rostro mientras seguía dentro de ella. —Tú serás mía y esto no es un juego, dime si lo entiendes.
Aquello dejaba claras las intenciones de aquel hombre;