Soraya miraba al hombre que dormía plácidamente a su lado. Ella lo miró y sonrió; sabía perfectamente bien que no tenía que hacer nada extraordinario; él, al final, tal como siempre había sucedido desde que se conocían, volvería a ella y ella lo recibiría con los brazos abiertos.
Efraín Forcelledo había sido su amigo, confidente y, por llamarlo así, pareja cada que se podía desde que estaban en la universidad.
Para Soraya, no había cosa que ella no conociera; lo conocía tan bien que sabía por qu