Luego de abandonar la oficina de Esteban, Marina sentía el estómago revuelto, así que, sin pensarlo dos veces, se apresuró a llegar al tocador, al llegar ahí, sin dudarlo, vomitó todo lo que llevaba dentro.Al salir y comenzar a enjugarse la boca, se topó con quien, en ese momento, era la persona que menos hubiese querido encontrarse.—¡Marina! —¿Todo bien? —dijo Lorena, mientras se retocaba el labial con un tono rojo sangre que le iba a la perfección.—¿Tú eres la amante de mi marido? ¿Verdad? Por eso él me pidió el divorcio, ¿no es así? —soltó Marina sin filtro, ni reserva.—¡Qué cosas dices, Marina! ¿Amante? No sé de qué me estás hablando, creo que estás en un error, no deberías andar lanzando este tipo de acusaciones sin fundamento; quien te escuche podría malinterpretar la situación y meterme en problemas. —expresó Lorena al darse cuenta de que había alguien más en el tocador.—¡Dime la verdad, Lorena! ¿ERES LA AMANTE DE MI MARIDO? ¿Por qué te ocultas? Soy más joven que tú, pero
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