La Tregua del amanecer
El último bocado de strapatsada desapareció del plato de la abuela Lila con la solemnidad de un tratado de paz siendo firmado.
Dejó el tenedor a un lado con un suspiro de satisfacción tan profundo que pareció resonar en los cimientos de la casa. El huracán había sido apaciguado, la matriarca había sido saciada por la excelente cuchara de Nikos.
Mi padre, todavía en el umbral, parecía haber envejecido y rejuvenecido diez años en