Mundo ficciónIniciar sesiónEl Nido del Águila
La promesa de Jack de usarlo como escudo humano era reconfortante, pero se evaporó en el instante en que cruzamos las puertas de la propiedad. No eran puertas. Eran una declaración de guerra a la modestia, dos gigantes de hierro forjado que se abrieron silenciosamente para dar paso a un camino iluminado por farolas que parecían joyas engarzadas en la noche. El camino serpenteaba colina arriba, flanqueado por olivos centenarios y cipreses tan altos que pa






