El mesero regresó con los platos en sus manos, con una sonrisa discreta, respetando la atmósfera que se había creado entre los dos.
—Aquí tienen —dijo, colocando primero frente a Luna su carne asada acompañada de una ensalada fresca y papas doradas. Luego dejó frente a Damian un corte grueso, rojo por dentro, apenas sellado por fuera, aún caliente y jugoso—. Espero que disfruten su comida.
—Gracias —respondió Damian con voz grave, sin quitarle los ojos de encima a su plato.
El mesero se retiró