Luna se levantó con elegancia de la mesa, alisando suavemente su vestidura. Su mirada se cruzó con la de su tío Marcos, y esbozó una leve sonrisa.
—Bueno, tío. Cuídate. Tengo asuntos cruciales en la empresa —dijo, tomando su bolso con firmeza—. Te veré allá más tarde.
—Está bien, hija. Nos vemos en la oficina —respondió Marcos, levantando su taza para despedirla con un gesto.
Emiliano también se puso de pie.
—Yo también tengo algunos asuntos pendientes que atender. Nos vemos en la empresa, Luna