El rugido del motor del auto de Damián se apagó al llegar al imponente edificio de Moretti Corp. Bajó con su usual elegancia, traje oscuro, camisa blanca impoluta y su aura de dominio natural que no pasaba desapercibida.
Apenas cruzó las puertas principales, todos los empleados que estaban en el lobby detuvieron lo que hacían. Algunas secretarias se quedaron boquiabiertas, murmurando entre sí.
—Oh por Dios… ese hombre sí que es guapo —susurró una joven, acercándose a su compañera.
—Parece un án