Nicola
Recibir a los invitados junto a mi padre era uno de esos rituales que más odiaba de estas fiestas.
Sonrisas vacías, apretones de manos que no significaban nada, y esas malditas charlas superficiales sobre negocios y apariencias.
Pero hoy, era diferente.
Estaba esperando ansioso a dos grupos específicos.
Los padres de Valentina y, por supuesto, a Antonio Donati. Sabía que llegarían juntos, como la maldita serpiente que era ese entrometido, enredándose en todo lo que podía para asegurarse