Capítulo 37: El té

Nicola

La sostuve así, sin decir nada, solo acariciando su cabello, esperando a que su dolor saliera del todo.

Sus lágrimas empaparon mi camisa, pero no me importaba. El mundo entero podía caerse, y no me movería hasta que ella estuviera mejor.

Después de horas, sus sollozos se hicieron más suaves, más entrecortados. Pero no me moví. Seguía acariciando su cabello, dándole el espacio que necesitaba.

—Nicola... —su voz salió apenas como un susurro, y supe que estaba lista para hablar.

—Dime qué e
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