Valentina
Gracias al cielo el fin de semana había terminado.
La intensidad de esos días en la mansión Moretti me había dejado exhausta, tanto física como emocionalmente.
Ahora, de vuelta a mi rutina en la universidad, sentía un alivio inesperado al estar de nuevo en la seguridad de mi pequeño apartamento.
Bianca había pasado a desayunar conmigo esa mañana, como solía hacerlo todos los días.
La charla fue ligera, nada fuera de lo común, hasta que se le escapó un pequeño detalle que encendió mis