El rugido de un motor quebró la calma de aquella conversación. Scott se detuvo en seco, el corazón latiéndole con fuerza. Habían logrado descansar apenas unos minutos antes de que el ruido volviera a perseguirlos.
Las luces cortaron el bosque en dos, y los faros se deslizaron entre los troncos como cuchillas de fuego.
—Nos encontraron —susurró Sara, con el miedo dibujado en los ojos.
Scott tomó su mano con fuerza.
—Corre. No mires atrás.
El sonido de las ramas partiéndose bajo sus pies los acom