La notificación llega mientras se ata los zapatos para ir a trabajar. Un simple *ping*, como tantos otros, pero la sensación que le deja es distinta: un nudo que aparece de golpe en su estómago.
Toma el celular.
Un mensaje desconocido.
Un número sin foto.
Una sola frase:
“No confíes del todo en Scott. Ten cuidado.”
El aire se le queda atrapado en la garganta.
—¿Qué…? —susurra.
Lee la frase tres veces, como si en algún punto fuera a cambiar y convertirse en algo más lógico. Pero no cambia. No ha