Rhevan se detuvo en el umbral de la enfermería, sintiendo la mirada de Elara clavada en su espalda. A pesar de su entrenamiento y de la lealtad absoluta que le profesaba a Kael, la atmósfera en ese lugar era asfixiante. La fragilidad de aquellas mujeres, antes tan soberbias, le recordaba que el poder era una rueda que siempre terminaba por aplastar a quienes se creían por encima de ella.
—¿De verdad vas a dejarnos aquí como animales? —la voz de Elara sonó un poco más firme, aunque cargada de am