Al amanecer, una densa bruma cubría los terrenos del castillo, ocultando los movimientos de aquellos que preferían la sombra. Enos, envuelto en una capa andrajosa, se deslizó por el camino que los sirvientes usaban para traer la leche fresca y las provisiones de las granjas cercanas. Su conocimiento de los pasadizos del castillo, de cuando aún ostentaba un título noble, le permitió evadir la patrulla principal que Rhevan comandaba.
En las cocinas, el ajetreo matutino comenzaba. Elara ya estaba