El vapor llenaba la estancia, creando una atmósfera densa y cargada que apenas dejaba ver los detalles de la habitación. Aylén estaba completamente sumergida en la bañera de piedra, dejando que el agua caliente intentara, en vano, calmar el dolor que sentía en los huesos. Solo su rostro permanecía en la superficie, pálido y con una expresión de cansancio absoluto que los baños más lujosos no podían borrar.
El sonido de los pesados goznes de la puerta la hizo estremecerse. Kael entró con paso fi