El patio de armas estaba sumido en un silencio gélido, roto únicamente por el silbido del viento que soplaba desde las montañas. Los Alfas invitados se habían congregado en las balconadas superiores, observando con una mezcla de morbo y respeto el despliegue de autoridad del Supremo.
Kael se detuvo frente a los postes. Sus ojos azul cielo brillaban con una intensidad eléctrica bajo la luz del amanecer. **Enos**, amarrado al poste central, tenía el torso descubierto y temblaba violentamente; a s