Kael rodeó con firmeza la cintura de Aylén, atrayendo su cuerpo tembloroso hacia el suyo hasta que no quedó espacio entre ambos. La fuerza de su agarre era posesiva, una mezcla de protección y dominio que ella apenas podía procesar en medio de su dolor.
—Tú eres mi prioridad, nada más me importa —susurró Kael cerca de su oído, con una voz que vibraba con una intensidad oscura—. No puedo permitir que un acto de traición y el uso de brujería pasen por alto. Tengo que demostrarle a todos que esto