La antigua casa crujía como si también guardara resentimientos entre sus paredes. Era amplia, pero oscura; elegante en apariencia, aunque el aire que se respiraba dentro siempre parecía cargado de algo más que polvo. Allí había vivido Aylén con sus padres y con su hermana. Allí había aprendido a bajar la mirada y a callar.
Elara caminaba de un lado a otro en la sala principal, furiosa. No eran pasos normales; eran pisadas cargadas de rabia. Tomaba lo que encontraba a su paso y lo lanzaba contra