La decisión ya estaba tomada, pero el ambiente dentro de la casa no se volvió más tranquilo. Al contrario. Parecía como si algo invisible se hubiera instalado entre ellos desde el momento en que el padre pronunció aquel “está bien”.
Elara caminó nuevamente por la habitación, aunque ahora sus pasos ya no eran caóticos ni furiosos. Eran firmes, decididos. La ira seguía allí, pero había cambiado de forma. Ahora era propósito.
Su madre comenzó a recoger algunos de los pedazos rotos del suelo, no po