La mañana llegó con una luz suave que se filtraba a través de los ventanales altos del comedor principal. El sol apenas rozaba los mármoles claros del suelo y hacía brillar las copas de cristal dispuestas sobre la mesa larga. El ambiente era tranquilo, casi solemne, pero no frío. Había un aroma cálido a pan recién horneado, mantequilla derretida y frutas frescas que llenaba el aire.
Aylén estaba sentada frente a Kael, aún adaptándose a la sensación de ocupar aquel lugar como esposa del Alfa. Su