El trayecto hacia el salón principal fue lento y solemne. Aylén caminaba al lado de Kael, sus dedos entrelazados con los de él, y aunque sus pasos eran firmes, por dentro el eco del pasado golpeaba con insistencia. El pasillo parecía más largo de lo habitual; las antorchas encendidas proyectaban destellos dorados sobre las paredes de piedra pulida, y cada sonido —el roce de la tela, el eco leve de los pasos— se amplificaba en el silencio expectante del palacio.
Kael percibía todo. No con la vis