Kael no retiró la mano de la de Aylén. Al contrario, pareció aferrarse a ese contacto como si fuera la única certeza que tenía en ese instante. Luego, con una lentitud cargada de intención, elevó la otra mano y la llevó hacia su rostro. No la tocó de inmediato. Se detuvo a pocos centímetros, como si pidiera permiso sin palabras, como si necesitara estar seguro de que ella seguía allí.
Cuando por fin la rozó, lo hizo con extrema suavidad. Sus dedos recorrieron la línea de su mejilla, despacio, c