Episodio 22
La quietud que quedó después de sus palabras no fue incómoda. Al contrario, era una calma densa, cargada de significado, como si ambos comprendieran que acababan de cruzar un umbral invisible. Kael fue el primero en apartarse apenas lo necesario para no romper del todo el contacto, y aun así sus manos permanecieron en la cintura de Aylén, como anclas silenciosas.

—Descansa —dijo con voz baja—. Mañana será un día largo.

Aylén asintió, aunque no se movió de inmediato. Había algo dentro de ella
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