Elara caminaba junto a su madre por la calle principal del pueblo, arrastrando los pies con fastidio mientras el murmullo de la gente llenaba el aire. El mercado estaba más concurrido de lo habitual: puestos de comida, telas extendidas al sol, voces que se cruzaban unas con otras como si todos compartieran un mismo secreto. Su madre se detuvo frente a un vendedor de víveres, revisando con atención lo que necesitaban comprar, cuando una conversación cercana captó la atención de ambas sin que lo