—¡Guardias! —la voz de Jarek resonó como un trueno en el pasillo—. Llévenla al calabozo.
Su mirada, fría y cortante, no dejaba espacio para réplica.
—Vamos a hacer una prueba genética —continuó con un tono implacable—. Quiero saber si ese cachorro es de Lucien o no.
La mujer lo miró con los ojos muy abiertos, un brillo de miedo puro, reflejando la certeza de que había subestimado al rey Alfa.
Había pensado que él, al escuchar su supuesta desgracia, se mostraría compasivo, que su posición de “p