Lucien fue llevado de inmediato al ala médica. Dos guerreros lo sostenían por los hombros y las piernas, mientras un rastro de sangre fresca marcaba el camino hasta la camilla.
Su piel estaba pálida, y su respiración, cada vez más débil.
Alessia corría tras ellos, con el corazón, golpeándole en el pecho como un tambor de guerra.
El miedo la consumía por dentro. No podía perderlo… no a él.
Sus manos temblaban, y sin pensarlo, liberó su poder de loba dorada.
Sentía cómo la energía de su esencia an