Eyssa abrió los ojos con un sobresalto que hizo que su corazón latiera con fuerza.
Por un instante, todo a su alrededor se desdibujó; la oscuridad, el frío y la humedad parecían envolverla como un sudario.
No sabía dónde estaba ni cómo había llegado allí, pero la sensación de peligro era inmediata. S
Sus manos estaban inmovilizadas con unas esposas especiales, frías y rígidas, que no solo limitaban su movimiento, sino que cortaban la conexión con su loba interior, con esa fuerza vital que siempr