Mahi miró a Eyssa detenidamente, y por primera vez permitió que su rostro mostrara una sonrisa genuina, cálida y tranquila.
Había algo en la joven princesa consorte que la sorprendía: no solo era hermosa, sino que en sus ojos había una fuerza serena, una determinación silenciosa que hablaba más que cualquier palabra.
Era el tipo de fuerza que podía sostenerse ante cualquier tormenta, y Mahi lo reconoció de inmediato.
Juntas salieron del castillo, dejando atrás los pasillos fríos y las sombras de