Jarek la encontró en los jardines del castillo, bajo la tenue luz de la luna llena.
Pero ya no era Elara quien estaba ahí… Era Esla, su forma loba, su alma salvaje.
La majestuosa loba dorada se hallaba sobre la colina del jardín central, su pelaje brillaba como si la luna misma la abrazara.
Pero no era paz, lo que emanaba… era furia. Era un dolor tan profundo que quemaba como lava. Sus patas golpeaban la tierra, levantando polvo con cada zarpazo.
Gruñía con intensidad, los colmillos expuestos, l