Antes de la medianoche
La Luna, fría y distante, se alzaba sobre el reino cuando un aullido cortó el silencio.
Los lobos de la guardia del príncipe irrumpieron en el patio, jadeantes, sus patas cubiertas de barro y sangre.
Lucien, que esperaba noticias con el corazón encogido, corrió hacia ellos.
El eco de las palabras de Elara retumbaba en su mente como un presagio. Aquello no podía significar nada bueno.
—¡¿Qué ha pasado?! —rugió, su voz desgarrada por el miedo.
Los guardias intercambiaron mir