—¿Dónde queda la manada…? —preguntó Elara con voz quebrada—. ¡Quiero verla… incluso si es la última vez!
La frase se escapó como un suspiro roto. Como un clamor que venía desde lo más hondo de su pecho.
Elara sentía que su alma estaba hecha cenizas. Esa revelación sobre su linaje… sobre la mentira que había sido su vida… la ahogaba por dentro.
Y ahora, más que nunca, necesitaba volver.
Volver a sus raíces, al lugar que debió ser suyo desde el principio. Aunque fuese solo para mirarlo. Aunque jam