Hester y Eyssa llegaron a la ciudad cuando el cielo ya había adoptado un tono oscuro y amenazante.
Desde el momento en que bajaron del auto, un escalofrío recorrió sus espinas dorsales; el mar rugía con violencia, lanzando olas que golpeaban las rocas cercanas como si quisieran devorar todo a su paso.
La brisa salina traía consigo un aroma a tormenta, húmedo y electrizante, y cada segundo que pasaba parecía más cargado de tensión.
Hester frunció el ceño, sus instintos de príncipe y líder se ence