Esa noche, la fiebre de Ethan, un enemigo que Sienna creía haber derrotado, regresó con una furia silenciosa. La promesa de Helga sobre su "toque sanador" se sentía como una burla cruel ante la realidad de la temperatura ardiente en la frente de su hijo. Su casa se convirtió en una prisión de ansiedad mientras ella luchaba por controlar la temperatura de Ethan y sus propios nervios.
Chris y Yuly intentaban consolarla, pero la rubia se sentía metida de cabeza en un túnel oscuro y sin fin, con la