Sienna regresó a casa con el eco de la profecía resonando en su mente. El sol de la tarde en la ciudad bañaba su viejo auto, pero el calor no lograba disipar el frío que sentía en el alma. La voz de Helga, la anciana loba, le había dado una verdad dolorosa y un camino a seguir, pero el miedo a las consecuencias la paralizaba.
La profecía ya no era una simple historia; era una brújula que la obligaba a enfrentar su pasado con Rob, y su presente con Leo y Chris, y a su propio corazón.
Al llegar a