Llegué a la oficina con diez minutos de retraso. El metro estaba abarrotado y tuve que caminar cuatro cuadras, ya que la parada más cercana estaba cerrada. Además, tuve que esperar a que mi hermana se fuera con mis sobrinos. Como la cobarde que soy, no estoy preparada para sus preguntas, necesito más tiempo para aclarar mis ideas antes de decirle algo que la romperá para siempre.
Al menos, el vestuario que escogí hoy iba acorde a cómo me sentía: oscura y triste. Traje un vestido que usé por últi