Al menos durante el día no volví a saber de Lexi, tampoco de Andrew. Este último me dejaba un sabor amargo. Parecía preocupado por mí, pero tampoco volvió a acercarse, y la verdad, es lo mejor. A las cinco y media, recogí mis cosas y salí de la oficina sin despedirme de nadie para no tener que quedarme ni un minuto más. Comencé a sentirme ahogada, pero no por el aire acondicionado, sino por mis pensamientos, que me asfixiaban mientras luchaba por ignorarlos.
Tomé el tren con destino a casa. Cua