Justo cuando Max termina de advertirme, y como si fuera obra del destino, veo a Andrew entrando por la puerta del restaurante. Max está de espaldas, así que no puede verlo aún. Me tenso en mi silla cuando sus ojos se encuentran con los míos. La frialdad en ellos me da un escalofrío que recorre toda mi columna.
Su presencia llena el espacio, absorbe la atención de todos; es magnético. Su traje impecable, su cabello bien peinado hacia atrás y una barba de dos días que no lo hace ver desaliñado, si