—¡Lauren, puedes venir a la oficina! ¡Es urgente! —exclamó la voz chillona de Lexi.
Hice una mueca de fastidio. Desde que llegó, Lexi se había autoproclamado mi jefa, informándome que me había solicitado como su asistente. No fue una petición, sino una orden, dicha con una sonrisa que no llegó a sus ojos. Al principio, me emocionó la idea de trabajar con una abogada tan reconocida, pero pronto me di cuenta de que solo usaba el poder que Andrew le había dado para atormentarme. Me odiaba, aunque m