Cuando desperté, seguía apretada contra el cuerpo de Andrew. La luz del sol se filtraba por la ventana; debían ser pasadas las siete de la mañana. Me moví despacio, saliendo del brazo envuelto en mi cintura. Él se removió, pero siguió durmiendo. Me detuve unos segundos para admirarlo; nunca lo había visto dormir y no estaba preparada para la ternura que me llenó el cuerpo. Se veía tranquilo, plácido, no tan tenso como siempre. Decidí dejarlo descansar, pues parecía que no lo había hecho en muc