Primero fue un vaso con agua. Alma le dejó a Lía una jarra para que se sirviera cada vez que tuviera sed.
—La almohada está muy dura.
Alma le dio forma y la volvió a poner en la espalda de la mujer.
—Ahora está muy blanda.
Intentó comprimirla.
—Sigue igual.
Fue por otra almohada y la mujer se quedó conforme, así que regresó a su habitación. Estaba metiéndose a la cama cuando volvió a oír los gritos de la mujer.
—Tengo comezón en la pierna y no puedo rascarme.
Alma fue a la cocina y empe