Amaro Gutiérrez-Cruz no era un hombre que acostumbrara a equivocarse. Decisiones sólidas en los negocios definían su perfil de empresario intachable, y una vida privada discreta lo alejaba de escándalos que expusieran su intimidad. Todo era aburrido, todo iba bien, hasta que se topó con Mónica. Ahí comenzó a cometer error tras error, y Alma regresaba como prueba viviente de sus falencias.
—¿Te falta algo más que quieras quitarme? —le preguntó él, observando si en algo le perturbaban sus palabr