Diez de la mañana y Amaro y Mónica seguían sin dar señales de vida. Él no había vuelto a contestarle ningún mensaje y sus temores se acrecentaban. Ella era estudiante de enfermería; si alguno de los dos se había puesto mal pudieron solicitar su ayuda.
La angustia la estuvo devorando hasta cerca del mediodía, cuando ellos regresaron.
Entró Mónica primero, con la expresión deshecha, luego Amaro, empujando una silla de ruedas donde venía Lía. La mujer lucía muy maltratada, usaba un collarín, bot